jueves, 8 de septiembre de 2011

Capítulo 11. "Casualidades"

No podía decirle nada todavía, arruinaría todo aquello; aun así no podría aguantar mucho más ocultándoselo y menos fingiendo que todo iba a ir bien. Lo abracé suavemente perdiéndome en sus labios e intenté olvidarme de todo lo demás. Segundos después nos miramos fijamente, ambos sabíamos lo que significaba aquel cruce de miradas, lo cual me puso nerviosa. Ya hacía un tiempo que Carlos me lo propuso por primera vez, pero siempre había conseguido encontrar una excusa; hoy sin embargo era diferente, mi cuerpo respondía a sus señales y mi corazón no sentía miedo, si no curiosidad, impaciencia, cariño… Tal vez ése fuera el momento que esperaba; el que me haría saber que él es el chico perfecto.

-         Cenamos? – Me susurró con cariño mientras me acariciaba los mofletes. Asentí con la cabeza tímidamente intentando disimular una pequeña sonrisa. Me cogió de la mano y me llevó hasta la mesa; a los pocos segundos me dí cuenta de que había puesto mi canción favorita.
-         Bonita música. ¿Cómo se te ha ocurrido? – Le dije simpática e irónica ante aquella situación. Él sonrió y retiró mi silla para que me sentara; estaba guapísimo, se había puesto el suéter de rayas lilas que le regalé por su cumpleaños y un pantalón vaquero azul oscuro que supuse, era nuevo.



La cena transcurrió en alguna que otra mirada cómplice y en varios momentos de risas tontas. Las fajitas estaban buenísimas; se había acordado de ponerles el toque de aguacate que tanto me gusta y de calentar las tortas en el microondas. Las velas eran perfectas, las rosas también. Todo lo era. En ése momento Fedro perdió importancia, ése instante era nuestro y nadie nos lo podría quitar.

-         Te ha gustado? No soy muy bueno cocinando, ya lo sabes, pero te prometo que he intentado hacerlo lo mejor que he podido… - Dijo nervioso ante mi posible respuesta.
-         Estaba buenísimo Carlos; casi como si lo hubiera cocinado yo. Jaja – Le dije simpática.
-         Acto seguido se levantó y retiró mi plato y mis cubiertos, a los pocos segundos apareció con una gran bandeja cuadrada y transparente en la que había un suculento pastel de chocolate y fresas. “Qué pinta”. Pensé. Cuando dejó el plato en la mesa una sonrisa de oreja a oreja apareció de repente en mí.
-         Espero que te guste peque. – Dijo mientras se sentaba y sonreía seguro de sí mismo.
-         Seguro que sí! – No esperé ni un segundo para probarla. Estaba excelente; el bizcocho de chocolate estaba bañado por una capa de chocolate blanco y relleno de chocolate caliente. Cuando ya no pude más, dejé la cucharilla pequeña encima de la mesa y me limpié los labios con la servilleta.
-         Si sigues comiendo así tendré que llamarte “bolita” jaja – Dijo simpático.
-         Oye! Pero si has cocinado tú! Tendrás morro? Te parecerá bonito decirme esto! – Dije simulando estar enfadada. No me dio tiempo a terminar la frase; Carlos se acercó a mí y se arrodilló apoyando sus brazos en mis muslos.
-         Tienes un poco de chocolate aquí sabes? – Dijo dulcemente mientras me acariciaba la mejilla. Segundos después se acercó hasta que mi nariz chocó con la suya.
-         Carlos… - Sus labios se unieron con los míos, sus manos se enredaron en mi pelo y no hizo falta nada más para conseguir que me dejara llevar por aquel momento.
-         Te quiero. – Susurré sofocada y tímida mientras lo besaba. Su sonrisa me tranquilizó.
-         Yo más, “bolita” – Dijo simpático. – Me mordió el labio inferior suavemente y me dio un beso muy tierno en la mejilla.
-         Tengo una sorpresa más para ti. Vienes conmigo? – Me pidió impaciente.
-         Está bien. – Contesté. Me tapó los ojos con las manos. Conocía su casa de memoria, así que adiviné a donde me llevaba; subimos las escaleras y llegamos a la puerta de su habitación.
-         Abre los ojos. – La puerta se abrió y todo lo demás desapareció, todo perdió importancia. Miles de rosas y velas de colores.
-         Es precioso Carlos. – No supe qué decir, hasta que miré hacia su mesita de noche y observé que allí estaba el teléfono móvil que Fedro me había regalado esa tarde. No sabía cómo había llegado hasta allí, había estado todo el tiempo en mi bolso y no había nadie más en la casa. No pude evitar preocuparme; hasta que Carlos comenzó a deslizar sus labios por mi cuello y a acariciar mi espalda con dulzura.
-         Carlos… para… - Quería decírselo, contarle todo lo que había pasado; pero mi cuerpo no respondía. Lo abracé con fuerza y me dejé llevar. Nos miramos durante un segundo; no hizo falta decir nada, poco después me alzó en brazos y me sentó en el borde de la cama. Unas cuantas rosas cayeron al suelo, Carlos me sujetó fuerte por la espalda y me dejó caer sobre el colchón.
-         No te preocupes, confía en mí. – Me susurró. Tras escuchar esa frase, comencé a temblar. Sabía que era el momento; pero también sabía que debía contarle todo antes de que pasara nada. Ambos quedamos cara a cara, su mano se deslizó por mi pierna; mi piel se erizó. Volví la cara hacia un lado mientras él besaba mi cuello y cuando estuve a punto de cerrar los ojos, un papel que sobresalía por debajo del colchón llamó preocupantemente mi atención.


“Piii piii! Piii pii! Ha recibido un mensaje nuevo. Remitente: Anónimo.


***

Mi hermano me había mentido, estaba seguro de ello. Lo conocía mejor que nadie y sabía que él tenía información sobre Eryel que no me había contado. Debía volver a casa y hablar con Lis sobre todo aquello, de camino pasaría por “Cuan”, la Aldea de los Duendes, y preguntaría sobre el paradero de Deltor, mi deber era hablar con él y trasmitirle todo lo que sabía, estaba seguro de que Lorian sabría donde encontrarlo. Dilaila estaba cansada, llevábamos demasiadas horas sin parar, suerte que faltaba poco para llegar. Lorian para ser un duende, siempre ha sido muy gentil con nuestra familia, estaba seguro de que podría ayudarme.

Había llegado a “Cuna”. El ambiente lúgubre de la noche terminaría de un momento a otro, debía tener cuidado, no puedes fiarte cuando se trata de duendes. Atravesé una zona cubierta de niebla hasta que reconocí la casa de mi viejo amigo  Lorian. No hizo falta que tocara a la puerta.

-         Lauren, amigo! Cuanto tiempo sin verte! Cómo estás? – Era muchísimo más bajo que yo, me llegaba por las rodillas.
-  Lorian, encantado de verte de nuevo. – Contesté nostálgico ante aquel recibimiento. Bajé de Dilaila.
-         Pasa por favor. - Entré en aquella pequeña casa y cerré la puerta con cuidado.
-         Dime qué es lo que te perturba. – Preguntó, sentándose en uno de los pequeños sillones que adornaban el salón.
-         Supongo que ya os habréis enterado de que la hija de Liah ha llegado a Dos Lunas.
-         Ahora que lo dices, nos enteramos hace un día. Deltor avisó a las Daimas y bueno, sabes que aunque nuestra relación con ellas no es nada buena, no podemos contradecirlo, así que avisé a Sarah para que fuera con ellas y las enviamos en busca de Eryel. Debo decirte que no sabemos nada desde que se marcharon.
-         Sarah?
-         Sí, Sarah. Sabemos que es una Daima desde hace mucho; cuando ella se marchó de vuestra casa acudió a nosotros; era joven y estaba perdida así que la alojamos aquí y le enseñamos todo lo que necesitaba saber para sobrevivir en el bosque. Nunca os dijimos nada por razones que no puedo confesar ahora. Se avecinan tiempos difíciles amigo, todo pronto se complicará.

Hace mucho que no la veo, me alegraría saludarla de nuevo. – Pensé. – He venido para preguntarte sobre el paradero de Deltor, supuse que sabrías dónde encontrarlo. – Continué impaciente.

-         ¿Por qué te importa tanto esa chica Lauren? Sé que Liah fue como una madre para ti y que en el poco tiempo que estuvo en Dos Lunas consiguió hacer que volvieras a sonreír, cosa que no hacías desde la muerte de tu madre. Pero realmente crees que merece la pena enfrentarse a Salzar y a sus ejércitos para encontrarla?
-         Sí, merece la pena.
-         Lleva cuidado amigo, sabes que para cualquier cosa que necesites esta aldea tendrá sus puertas abiertas para ti, hablo en nombre de todos. Sólo voy a darte un consejo: Salzar, Deltor y tú, no sois los únicos que vais tras Eryel; hay secretos oscuros que los Reinos de Dos Lunas desconocen, hay fuerzas espectrales, magias desconocidas y criaturas malévolas que también quieren y necesitan respuestas. Todos ellos son conscientes de que Eryel es hija de Liah y de que por tanto puede conocer la forma que utilizó su madre para salir de aquí. Sabes que el mayor deseo de Salzar es descubrir como llegar al mundo de los humanos y Deltor no es el único que manda sobre las criaturas que habitan este mundo.
-         Ella no sabe nada Lorian. Liah jamás le habló de esto, de nosotros. Únicamente le leyó el cuento cuando era pequeña. Lo he estado pensando y creo que la clave puede estar ahí, en el libro; por qué si no iba a perder el tiempo Liah en leerle esas historias? Tal vez ella sabía que su hija un día llegaría a Dos Lunas, tal vez intentó esconder en los recuerdos de Eryel ésa información tan valiosa que todos se mueren por conocer. - No dejaré que le pase nada malo.
-         Noto el brillo en tus ojos cuando pronuncias su nombre querido Lauren. No te enamores de lo desconocido, ni de lo que pronto puedas perder.
-         Si eso pasa, haré lo posible por no perderla. –Contesté mientras abría la puerta principal para marcharme.
-         Mucha suerte amigo. Deltor está en Cassian, creo que residirá allí unos tres días, supongo que si marchas dentro de unas horas, estarás a tiempo de hablar con él.
-         Adios Norian. Muchas gracias por todo, espero tener noticias vuestras pronto, sobretodo de Sarah; si vuelve me encantaría saberlo.
-         Una última cosa muchacho, creo que deberías saber algo… - Dijo mientras se levantaba del sillón y se acercaba a la puerta. - últimamente algunos Reinos han dejado discretamente de ser fieles a Deltor. Estate a alerta, en estos tiempos que corren no puedes fiarte de nadie.

Tras esas palabras la puerta se cerró y monté en Dilaila. Iría a contarle todo a Lis y luego pondría rumbo a Cassian para encontrarme con Deltor, aunque seguramente Eryel estuviera muy lejos de allí.


                     ***

-         Bienvenida al Reino de Cassian Eryel. – Dijo Eric sonriente.
-         Es increíble. – Anonadada me quedé cuando llegamos al final de la cascada. Miré hacia el horizonte; no había nada en kilómetros a la redonda, únicamente aquella ciudad amurallada con sus pequeñas casas y su gran castillo.
-         ¿Quiénes son? – Pregunté curiosa. Fuera de la ciudad, en la entrada de la muralla, numerosos soldados entrenaban y organizaban sus ataques.
-         Ellos?
-         Sí, ellos.
-         Son guerreros de Cassian. Cada Reino tiene su ejército, fue así como salvaron Dos Lunas hace años; claro que hoy en día los ejércitos han crecido en número y en fuerza.
-         Son muchos.
-         Sí, hay muchos. Aunque creo que Cassian es el que menos soldados tiene a su cargo.
-         Vaya, eso me tranquiliza. – Dije irónicamente.
-         Dónde está ese sitio del que me has hablado antes? – Pregunté. Las heridas desgarradas en mi hombro estaban comenzando a molestarme notablemente, casi no sentía los brazos debido a los calambres.
-         Tras la muralla, en una callejuela de la ciudad vive un muy buen amigo mío. Él es humano, en mis primeras transfiguraciones me ayudó a relajarme porque al principio no solía controlar a quién elegía como cena. – Dijo sonriente. – Así que recuerdo que él me ató cuando todavía era humano, aguantó durante la transformación y me dio de comer durante un tiempo hasta que mi cuerpo no pudo más. Fue horrible, aunque más lo hubiera sido si no hubiera estado a mi lado no crees?
-         No sé que decir. – No me hizo gracia enterarme de aquello.


Pronto llegamos a las granjas situadas a las afueras de la muralla; cuando volví la vista atrás, pude observar la cascada por la que habíamos descendido.

-         ¿Qué tal está tu lomo? – Pregunté al recordar su accidente.
-         Mi lomo esta muy bueno, gracias por preguntar. – Dijo chistoso.
-         Serás... – Me caía mejor cuando no bromeaba.
-         Lo siento. Estoy mejor, aunque cuando me vuelva humano, notaré mucho más el dolor. Tranquila ya estoy acostumbrado.

El ejército de Cassian continuaba con su formación. Las murallas, iluminadas por antorchas gigantescas, transmitían tranquilidad. Los soldados no se inmutaron al vernos pasar; pronto, al acercarnos al arco de entrada, comencé a observar a los aldeanos que vivían en aquella ciudad amurallada. Gente normal y corriente, niños, adultos, ancianos… las calles eran estrechas y estaban iluminadas por antorchas al igual que la muralla. Me gustaba aquel lugar.

-         Nos están mirando. – Dije incómoda.
-         Si una chica y una pantera enorme pasearan por las calles de tu ciudad, no mirarías? Sé sincera.
-         Bueno… supongo que sí.
-         No me miran a mí, te miran a ti y espero que dejen de hacerlo pronto, si no es así comenzaré a pensar que no lo hacen por curiosidad.
-         Insinúas que pueden saber quién soy?
-         Eso es imposible, no te preocupes.
-         A estas alturas creo que nada lo es en Dos Lunas.
-         Creo que será mejor que nos demos prisa. – Dijo impaciente ante aquella incómoda situación. – Sígueme Eryel.

Poco a poco fuimos perdiendo la atención de la gente. Eric caminaba muy deprisa y a mí me dolían exageradamente los pies de ir descalza. Tras un buen rato callejeando, llegamos a una gran plaza adoquinada que se rompía en tres bocacalles. La plaza era preciosa, un pequeño pozo decoraba el centro de esta y unas cuantas flores silvestres bailaban al son del viento en la hierba fresca que la rodeaba. Eric me llevo por la tercera bocacalle hasta detenernos ante una especie de bodega.

-         Es aquí? – Pregunté extrañada.
-         Sí, aquí es. Podrías hacerme el favor de tocar a la puerta? Yo no puedo, como habrás podido comprobar.


Toooc tooc! Tooc tooc!

-         ¿Quién va?! – Gritó una voz desde el interior del edificio.
-         Eric y Eryel! – Respondí.
-         Pero qué haces!? Nadie debe conocer tu identidad! – susurró Eric.
-         Lo siento, no lo he pensado! – contesté avergonzada.
-         Oh Santo Cielo! No puede ser! El propio Eric en persona y de carne y hueso! Cómo puede ser que todavía continúes de una pieza!? – Un señor mayor abrió la puerta de la casa mientras se dirigió a Eric con total confianza.
-         Sandro, amigo; es un placer volver a verte. ¿Cuánto ha pasado? Diez años? – Contestó Eric bajo su peculiar sonrisa de pantera.
-         Y puedo preguntar quién es esta hermosa señorita? – Desvió la conversación para fijarse en mí.
-         Una amiga; la conocí en el Reino de Lised. – Mintió Eric.
-         Por el amor hermoso habéis cruzado el Gran Desierto de Lised a pie? Estaréis exhaustos!
-         Sí, lo estamos. – Contesté.
-         Sandro, te importaría que nos quedáramos aquí un par de días? Será provisional, necesitamos descansar y yo, volver a mi forma humana de una vez.
-         Eso no se pregunta amigo! Pasad.

Una casa humilde y campechana se escondía tras esa pequeña puerta de madera en la que habíamos estado hablando.
Me recordó a casa de Lauren.

-         Creo que estaréis mejor si dormís en el granero, estaréis solos, hay camas cómodas y puedo proporcionaros vendas y agua fresca para lavaros.
-         Muchas gracias, muy amable por tu parte Sandro. – Agradecí sonriente.
-         De nada y encantado de conocerte… ¿Cómo te llamabas?
-         E… - Si las miradas matasen Eric me habría asesinado en aquel instante, estuve apunto de mandarlo todo a la porra.
-         Elena, me llamo Elena. Encantada de conocerte también. – “Uf menos mal”, pensé. Minutos después Sandro me acompañó al granero detrás de la casa. Estaba repleto de paja, una pequeña escalera de madera que llevaba a un segundo piso me hizo saber dónde íbamos a dormir esa noche: dos pequeñas camas envueltas en telas marrones descansaban en el centro del habitáculo, no habían paredes simplemente daba al mismo granero; habían un par de sillas y una pequeña mesa cuadrada frente a un gran espejo. Eric no subió conmigo, de echo no sabía dónde estaba. Me senté en una de las camas estirando cada uno de mis músculos. “Qué gustazo”. Pensé. De pronto me sobresalté. Sandro apareció de repente.
-         Toma Elena, si necesitáis algo más sólo pedídmelo de acuerdo? – Dijo, entregándome una jofaina y unas gasas.
-         Gracias Sandro, lo tendremos en cuenta.
-         Eric traerá las vendas cuando vuelva, no te preocupes. Descansad!
-         Adios Sandro. – Dije risueña.

Qué a gusto se estaba allí. La luz de un pequeño candil invadía la habitación haciéndola todavía más acogedora. Me levanté de la cama y me senté en una de las sillas para observar mis hombros detenidamente. Juraría que las heridas se habían infectado, me dolían mucho y estaban repletas de sangre; sin duda dejarían una gran cicatriz.
-         Déjame ver eso. – Eric apareció de la nada. Había subido las escaleras sigilosamente y ahora me miraba expectante. Ya había completado su transfiguración. Su torso desnudo y fuerte, y su pelo mojado hizo que me sonrojara. Se acercó poco a poco ya en su forma humana y se sentó en el borde de la cama justo a mi lado.
-         Estoy bien de verdad. – Mientras pronuncié aquella frase, Eric llevó sus manos hacia mi blusa manchada de sangre.
-         Ei! Se puede saber que haces?! – Repliqué molesta mientras le aparté el brazo.
-         Cómo pretendes si no, que te cure las heridas? – Me perdí en sus ojos grises y no pude responder; nos miramos el uno al otro sin cruzar palabra durante unos segundos, hasta que puso cuidadosamente sus manos sobre mis omoplatos y las deslizó por mi espalda hasta llegar a la nuca arrastrando consigo la fina tela que formaba mi blusa. Mis brazos quedaron al descubierto. Con cuidado retiró los tirantes de mi sujetador y desabrochó tres pequeños botoncitos que mantenían oculto mi cuerpo tras el fino tejido de algodón. Mi espalda quedó totalmente desnuda. Me crucé de brazos para evitar que lo poco que me cubría se deslizara por mi pecho más de lo debido y lo miré tímidamente. 
-         Me gusta tu espalda. – dijo sonriente. Directamente no me molesté en contestar. Sonreí.

Sin moverse de la cama, acercó la jofaina, cogió un par de gasas y las humedeció en agua.

-         Esto va a dolerte un poco. – Dijo mientras acercaba su mano a mi hombro. Deslizó la gasa por la herida hasta que ésta enrojeció por la sangre y dejó ver claramente las marcas de zarpa que aquella pantera había dejado en mí.
-         Está abierta, así que no puedo hacer mucho; de todos modos intentaré que deje de sangrar. – Dijo dulcemente mientras continuaba limpiando la herida. Pasaron unos segundos de silencio incómodo que se me hicieron eternos.
-         Gracias. – Susurré por fin.
-         Por qué?
-         Cómo que por qué? Por preocuparte por mí. – Dije extrañada ante su contestación.
-         Tranquila, básicamente pensabas que era yo quien estaba intentando matarte; así que de todos modos veo correcto tener que, al menos, desinfectar la herida.

Un mechón de pelo se escurrió de mi coletero cayendo entre mi ojo derecho y el lóbulo de mi oreja. No pasó mucho tiempo hasta que Eric lo rescató y lo colocó correctamente. Era la primera vez desde que lo conocía, que lo estaba sintiendo tan… humano. Repitió el mismo proceso con ambas marcas hasta que quedaron totalmente limpias y cogió un par de vendas.

-         No protegerán mucho la herida pero al menos y con un poco de suerte, aliviarán el dolor. -  Advirtió mientras colocaba la primera. Cuando terminó, se levantó, se enjuagó las manos y me miró curioso. Sonreí mientras se tumbaba boca arriba y con las manos detrás de la cabeza en la cama. Pensaba que no sería capaz de hacerlo pero estaba llena de sangre y de barro.

-         Eric… puedes dejarme algo de ropa? – Dije avergonzada. - Antes de que pudiera responder me deshice rápidamente de mi blusa y me tapé cruzándome fuerte de brazos.
-         Hablas en serio? – Dijo mientras sonreía de oreja a oreja desde la cama.
-         Tú qué crees… - Contesté incómoda entre balbuceos. A los pocos segundos se levantó y se acercó a mí con una especie de camisa blanca de raso en las manos. Cogió mi muñeca dulcemente y la introdujo cuidadosamente en una de las mangas, repitió el proceso con la otra hasta quedar de espaldas a mí, mejilla con mejilla. Escuchaba y sentía su pausada respiración mientras deslizaba la camisa por mis hombros evitando rozar las vendas y abrochaba dos pequeños botones delanteros que cubrirían más tarde mi pecho y mi cintura. Cuando terminó colocó en su sitio los tirantes de mi sujetador y  volvió a la cama tranquilamente. No daba crédito a lo que acababa de pasar, no me salían las palabras; no pude decirle que no, no pude apartarlo. Fue una sensación extraña que desapareció cuando lo vi de nuevo tumbado, cual pez en el agua, boca arriba en aquel camastro.

Amanecería pronto; aun así, nosotros debíamos descansar.

                  ***

-         Ya te lo he dicho Lis, he hablado con Lorian, y Deltor está en el Reino de Cassian, necesito ir allí.
-         Lauren, no puedes dejarme aquí sola e irte. Nora no está, se marchó hace dos días a buscar a Iris; pensó que ella sabría algo de ti.
-         Yo estoy bien, tal y como prometí. Me encontré con Eric en el bosque Lis, me dijo que no sabía nada sobre una tal Eryel; pero sé que mintió.
-         No quiero escuchar ése nombre de acuerdo?
-         Como quieras, pero yo debo ir a Cassian digas lo que digas.
-         Irás a casa de Sandro? – Desistí.
-         No lo creo. Siempre ha tenido debilidad por nuestro hermano, dudo mucho que quiera ayudarme. De todos modos, pasaré por allí.
-         Ten cuidado Lauren.
-         Lo tendré Lis. – Me besó dulcemente en la frente y se marchó.

***

La vibración del teléfono llamó nuestra atención.

Piii piii! Piii piii! Has recibido dos mensajes nuevos! Remitente: Anónimo.

Carlos no le dio importancia pero todo cambió cuando miré el reloj. 00:00 

“…dile a Carlos que he dejado un papel debajo de su colchón y que debe leerlo antes de las 00:00 de hoy…”

Volví a mirar disimuladamente: 00:01

Din Don! Din Don!

Al instante llamaron al timbre.

-         Joder qué oportuna es la gente. Espérame aquí vale enana? Voy a ver quién es, no tardo te lo prometo.

Cuando salió por la puerta de la habitación algo llamó mi atención tras el cristal de la ventana.

Fedro me miraba y sonreía satisfecho.

-         Me alegro de verte de nuevo Irene. Tengo ganas de saludar a Carlos sabes?

No me daría tiempo a bajar las escaleras para avisarlo, segundos después escuché como la puerta de la casa se abría lentamente.

Leyre García.





8 comentarios:

  1. Holaa¡¡
    Buen capítulo ;) , es fantástico ^^
    Me encanta el lavado de imagen que le has hecho al blog ^^
    Gracias por avisar cuando subes ^^
    Un besoo :)

    ResponderEliminar
  2. OSTIAS!! ME ENCANTA :d!!
    te lo juro!! me encanta!! me ha puesto la piel de gallina!!
    Me ha dejado boquiabierta! que chulo!!que ganas, Leyre me estás enganchando jajaj...
    Me encanta, sigue asi

    ResponderEliminar
  3. Creo que fue el mejor capítulo hasta ahora.
    Tengo una idea maravillosa: Eryel se queda con Lauren (quiero escenas monosas de estos dos, con Eric ya pasó mucho rato jum.) y yo me quedo con Eric XDDDDD
    ¡Quiero que Lauren y Eryel se encuentren! ¡Y que Eryel se enamore de Lauren, porque Lauren es mi dios personal y lo adoro, jum!
    Genial capítulo.
    Publica pronto ;D

    ResponderEliminar
  4. A ver por dónde empiezo...Uf, uf, uf (hiperventilando).
    Destaco por supuestísimo (porque aún no me he vuelto loca) la escena del granero con Eric y Eryel...qué morbazo!!! Me ha encantado! Todo bien descrito y él con su pecho al descubierto...Ains, em eh puesto malita!
    Estoy super intrigada por saber qué es lo que hará Fedro...les ha amargado su momento ¬¬ Hmmmm...
    Y...qué pasará con Lauren? Qué esconde Nora? ¡¿Qué pasará?! Más capis, máaaaas capis por Dios!!!
    Y después de este entusiasmo manifiesto digo: SIEGUE ASÍ Y MUCHOS ÁNIMOS!! :) :p

    ResponderEliminar
  5. :O :O :O :O TENGO ESCALOFRIOS DE LA EMOCION ¬¬ Te odio por hacer un capitulo tan espectacular . Ha tenido de todo .
    :O Lo de irene y fedro me tiene super intrigada Y NO QUIERO QUE LE HAGA NADA A CARLOS ¬¬ :O disoidiosooidodisoidos me tienes sin habla de la emocion :O ¿COMO QUE FEDRO VA A SALUDAR A CARLOS ? Menudo cabron ¬¬
    JAJAJAJAJJAJ Y LA ESCENA DE eric and Eryel XD eso fue un puntazo XD y el otro tan tranquilo de verdad LO ADORO XD y esta frase me mató - Mi lomo esta muy bueno, gracias por preguntar. – XDDDDDDDDD no si desde luego estaba preparando a Eryel para la escena del granero XDDDD .
    Luego esta lo de Lauren T_T sin duda va a llegar ya su ´´ gran encuentro`` XDDD ¬¬ eso espero .
    NECESITO MAS , NECESITO MAS ;D PORQUE ES UN CAPITULAZO Y UNA ESCRITORA CON MUCHO TALENTO ;D besos

    ResponderEliminar
  6. ¡¡Me ha encantado!! perdona que haya tardado tanto en leer los 2 capis, pero ya lo he hecho y me tienes super enganchado ^^
    La parte de Eric y Eryel ha sido de mis favoritas XDDD y lo de Irene y Carlos... pobrecilla, algo me dice que esta noche no va a tener mambo xD a ver que hace el perturbado de Fedro!
    y del capi anterior, me gustó mucho la parte de Eric, cuando mata a la chica que conocía desde niños... fue muy triste T.T
    Deseando leer más :P

    ResponderEliminar
  7. dios mio!! pensaba que no podia ponerse mas interesante, pero te has superado a ti misma y lo has conseguido!!! ^^
    me ha encantado el capitulo, y se ve que escribes cada vez mejor! enhorabuena!! :D
    espero que s ubas el siguiente muy prontoo!! ;)
    un besito! ♥

    ResponderEliminar
  8. lo primero... quería disculparme por no dejarte antes un comentario, he estado realmente liado y fuera de linea UU perdóname.

    En cuanto al capitulo... no podías dejarlo mas intrigante??? es increíble la verdad como estas liando las cosas, me encanta!! que sera ahora de Eryel y Erci?? quienes son los buenos y los malos?? y que pasa con el Fedro?? madre mía... espero pronto el capitulo 12!
    attentamente
    un fan

    ResponderEliminar

Necesito continuar aprendiendo, ¿me dejas un comentario?

Bloggers amigos