jueves, 17 de noviembre de 2011

Capítulo 15. "Los pájaros nunca vuelan solos"

¿Debía darlo todo por perdido tan pronto? En realidad ya no podía hacer nada para protegerla, lo había intentado todo; únicamente quedaba esperar a que por si sola se diera cuenta de con qué gente se mueve mi hermano y de lo peligrosa que puede llegar a ser la venganza. Liah no estaría precisamente orgullosa de mí ni del comportamiento que he tenido con Eryel, aunque ¿qué podía hacer más para intentar hacerla entrar en razón? Es la persona más terca que he conocido nunca.


Hoy en mucho tiempo he notado algo diferente en Eric; juraría, si no fuera prácticamente imposible, que se está ablandando poco a poco.
Hacía mucho que no salía a la luz aquella historia, el día en el que Eric se marchó y no volvió. Cuando lo abandoné lo hice por su bien y por el de nuestra familia, a pesar de que el no lo sintiera de ese modo, no podía dejar que nadie más saliera herido por su culpa. Cada día siento más lo que ocurrió y los remordimientos me llenan el alma, pero eso no hará que nada cambie, mi cabeza nunca podrá olvidar que al fin y al cabo es un asesino, nunca volverá a existir un nosotros entre él y yo. Sé que son el odio y la furia que se apoderaron de mí y me hicieron actuar de aquella manera tan horrible al dejarlo malherido en la orilla del río lo que hace que nos tengamos tanto odio. Poco después nos dimos cuenta de que al morder a nuestra madre Eric no fue consciente de lo que hacía sino que actuó bajo la influencia de su primera transformación, y aunque yo me hubiera pasado un buen tiempo buscándolo e intentando encontrar la forma de borrar lo que hice, todo esfuerzo habría sido en vano; ya era demasiado tarde para rectificar, habíamos perdido a una madre y a un hermano. Esta historia quedo enterrada hace tiempo, ya reflexioné mucho sobre el tema y opino lo mismo que entonces: prefiero que crea que su familia lo abandonó por convertirse en un “monstruo” a que sepa que él fue quien acabó con la vida de nuestra madre; bastante perdido está ya como para hacerlo cargar con una culpa que ciertamente no le corresponde.

Tenía una misión que llevar a cabo y era encontrarme con Deltor urgentemente para entregar el misterioso mensaje que había dejado aquella sombra para él. Si era verdad lo que mi amigo Norian, el duende de la Aldea de Cuna, me había contado, y verdaderamente había aliados que han estado negociando con el enemigo y pensando en cambiar de bando, Deltor y aquellos que estuviésemos de su lado correríamos un gran peligro.

De pronto me sobresalté; la llave comenzó a arder sin cesar, todo pasó muy rápido; traté de arrancar el colgante de mi cuello pero quemaba demasiado, así que sin poder evitarlo cuando la cadena volvió a enfriarse, una bonita cicatriz quedó grabada sobre mi esternón; cada detalle, cada trazo, cada lazada… era como si aquel pequeño trozo de oro macizo estuviera ahora dentro de mí, era más que una simple marca, era una copia exacta de aquel colgante clavado en mi pecho. Dudoso y curioso ante aquella situación decidí que no debía quitarme la cadena del cuello, esa llave era demasiado valiosa e importante como para perderla de vista.

Desde mi hazaña en el mercado, me dirigí de nuevo hacia casa de Sandro para recoger a Dilaila. Entre tanto pensamiento, remordimiento y preocupaciones había olvidado lo cerca que estaba el establo y casi sin darme cuenta comencé a escuchar los suspiros de mi yegua cascarrabias quejándose mientras Sandro terminaba de colocarle la última herradura.

-         Lauren! Te esperaba más tarde, has llegado justo para la comida. ¿Verás después a Deltor entonces?
-         No querido amigo, me temo que mi día aquí ha terminado. Otra vez que pase por Cassian un poco más tranquilo te prometo que desayunaremos, comeremos y cenaremos juntos; pero ahora debo marcharme, Deltor me espera.
-         No me digas eso por favor! Cada vez que lo haces te pierdo de vista y al año apareces.
-         Confía en mí amigo, nos veremos pronto. Muchas gracias por cuidar de Dilaila, te debo una.
-         No me debes nada Lauren. Lleva mucho cuidado y no te fíes ni de tu sombra, puede que Deltor sea trigo limpio amigo, pero no todo el mundo que está con él lo está por lealtad. Eres muy joven para morir. – Dijo tras una simpática aunque alarmante sonrisa.
-         Buenas noches Sandro. Hasta pronto. – Este asintió con la cabeza en señal de despedida, me entregó las riendas de Dilaila y entró en la casa.
- ¿Cómo estás amiga, me has echado de menos? – Dije mientras le acariciaba el lomo. A los pocos segundos relinchó lo cual tomé como un sí. Monté en ella y pusimos rumbo hacia la fortaleza del castillo.

                   *** 

Eryel continuaba abrazada a mí y ocultando su cabeza en mi hombro empapaba en silencio con pequeñas lágrimas mi camisa arrugada y desteñida. Cuando llegamos a casa de Sandro y la llevé al interior del granero tampoco quiso despegarse de mí, fue cuando la acosté en su camastro cuando evitando que la viera llorar se giró rápidamente y haciéndose un ovillo me dio la espalda.

-         Estás congelada Eryel, necesitas una manta y un plato de comida caliente. Deja de llorar por que no hay tiempo para eso patosa.
-         Y tú que sabes!? – De pronto se volvió hacia mí. – Yo no pedí venir aquí! Nunca pensé en esto! No tuve elección Eric! Desde que he llegado a este lugar no he podido tomar ninguna decisión por mi misma; me han mentido, engañado, intentado matar, apartado de mis amigos, de lo poco que quedaba de mi familia… Estoy perdida! Pensé que lo conseguiría, por un momento creí que superaría esto y que estaría bien aquí, pero no puedo, ahora sé que no puedo! Demasiadas mentiras, demasiado dolor… – Continuó gritando mientras lloraba casi sin fuerzas. Instintivamente me senté en el borde de la cama y la abracé.
-         Shhhhh… Tranquila, todo va a pasar pronto, estarás bien. Dos Lunas guarda muchos secretos, todos tenemos secretos aquí Eryel, no vas a poder evitar eso; tendrás que acostumbrarte a no confiar en nadie, ni siquiera en mí; aunque no lo parezca continuo siendo el chulo, prepotente y egoísta que conociste en un principio; siempre he sido un asesino Eryel y es algo que tienes que tener muy en cuenta.
-         No te veo como tal… - Susurró limpiándose las lágrimas.
-         Haces mal. Podría haber dejado vivas a todas esas Daimas patosa; sin embargo no lo hice. Yo tengo mi pasado y a lo largo del tiempo he aprendido a aceptar lo que soy.
-         Lo hiciste para protegernos…
-         Puede, pero disfruté con ello.
-         ¿Por qué me cuentas todo esto ahora? – Dijo mirándome a los ojos.
-         Por que no quiero que pienses que hay un bueno y un malo en toda esta historia. Te aseguro que mi hermano es muchísimo mejor persona que yo, y aunque sea un mentiroso y muchas otras cosas más que no me apetece mencionar en este momento, siempre va a continuar siéndolo; te lo digo ahora por que voy a cuidarte y a protegerte si me dejas; pero necesito que no te hagas ilusiones conmigo, no soy domesticable Eryel. – Dije risueño. Ella sonrió.
-         No eres domesticable eres imbécil… – Respondió avergonzada y pensativa.
-         Aun llorando me insultas, no puede ser contigo.
-         Me da igual que seas un asesino prepotente, egoísta y mentiroso; por que si te digo la verdad por el momento ni me has matado, ni me has utilizado, ni me has mentido y en estas dos últimas has sido el único; con eso me sobra para confiar en ti, y aunque deba hacerme a la idea de que en cualquier momento puedes cambiar de parecer y darme la espalda no voy a apartarte de mi camino. – Lo dijo tan segura de si misma que logre percibir algún que otro remordimiento recorriendo mi cabeza de un lado a otro. Tal vez era yo quien se estaba ilusionando con ella y no al revés cosa que debía cambiar radicalmente y lo más pronto posible. Un asesino no siente remordimientos y mucho menos se arrepiente de sus mentiras; si confesaba, todo se iba al traste; lo preocupante era que en mi interior sentía que esta vez no sería igual de fácil que siempre. Mientras pensaba, Eryel continuaba abrazándome, lo cual hacía todo mucho más incómodo y difícil. Cuando iba a contestarle, Sandro irrumpió en el granero.
-         Eric, ¿cómo está Eryel?
-         Mejor; cansada pero mejor.
-         La comida ya está, si quiere bañarse primero, se lo recomiendo, acaban de calentar el agua y si se enfría no hay más hasta mañana… ya sabes, las monedas escasean.

Al escuchar aquello Eryel se incorporó y dirigiéndose a mí, asintió con la cabeza.

-         Quiere bañarse ahora Sandro.
-         Estupendo, la esperaremos para comer. Claudia!! La muchacha quiere bañarse antes de comer! Está todo preparado?!
-         Sí! He dejado las toallas y las esponjas en el baño del granero!! El agua está muy caliente, dile que lleve cuidado!!
-         Vale mujer! No grites tanto que te van a oír hasta en Delintov! – Respondió Sandro terminando con la estrepitosa conversación que acababa de mantener con su hermana. – Ya la habéis escuchado, está todo preparado tras esa puerta de ahí debajo. – Dijo señalando un pequeño portón situado en el primer piso del granero justo bajo nuestros pies.
-         Gracias Sandro. – Dijo Eryel mientras este se marchaba de nuevo a la cocina. Eryel se volvió hacia mí.
-         No voy a casarme contigo Eric, no te preocupes; si cambias de parecer, me mientes o me utilizas, encajaré el golpe y punto; es lo que llevo haciendo todo este tiempo desde que murió mi madre, encajar los golpes. – Dijo triste tras darme un beso en la mejilla. Poco después se marchó hacia el baño. Pasados unos minutos sentado en la cama reflexionando, decidí ir tras ella; bajé las escaleras con cuidado y sin hacer ruido me apoyé en uno de los bloques de paja que había justo delante de la puerta.


***

La puerta del baño no cerraba bien y hacía mucho frío; pero tenía que conformarme con lo que había así que poco a poco y rezando para que Eric continuara en el piso de arriba, comencé a quitarme la ropa. Los vaqueros estaban hechos una porquería, tantas caídas y tantos días caminando habían hecho que se llenaran de agujeros y apestaran; mis pies desnudos se habían acostumbrado al frío, suerte que Sandro me dejó unas sandalias de su sobrina para salir a comprar al mercado. Comencé a desabrocharme los botones de la camisa uno a uno hasta llegar al pecho; las heridas de los hombros comenzaron a dolerme y me di cuenta de que una de ellas se había infectado; la tela estaba pegada y la piel oscurecida por la sangre coagulada pedía a gritos una limpieza a fondo. Poco a poco fui estirando de la camisa muriéndome de dolor al mismo tiempo para conseguir poder entrar en la bañera, si puede llamarse así, sin mojar la camisa. De aquel barreño enorme salía humo así que me lo pensé dos veces antes de meter mis pies congelados dentro; pero en el instante en el que mi dedo gordo entró en contacto con la fina y caliente textura del agua, no pude contenerme y me metí corriendo; esa era la mejor sensación que había sentido desde que había llegado a Dos Lunas, el calor recorría mi cuerpo arreglando cada una de las contracturas que se habían formado en mi espalda durante esa semana y relajando cada uno de mis músculos agarrotados por el frío y la humedad.

                            ***
No sabía exactamente que narices estaba haciendo delante de esa puerta; ¿instinto depredador? Lo dudaba, no tenía hambre y desde luego no quería matarla ni comérmela; ¿morbo? Probablemente aunque tenía serias dudas sobre eso, ¿qué otra cosa podría ser? … ¿falta de “ejercicio”? Seguro y probable, aunque dudaba que Eryel fuera una buena opción para eso, así que lo descarté también. Mientras pensaba en mis cosas un chirrido llamó mi atención, la puerta del baño se abrió de repente unos centímetros quedando entornada. Me lo pensé dos veces hasta que algo me hizo andar hacia delante lentamente; ahí estaba ella, cogió una pastilla de jabón y una esponja desteñida y los sumergió; únicamente alcanzaba a ver parte de su espalda y su cuello desnudos, hasta que segundos más tarde alzó su pierna derecha sacándola del agua y apoyó el pié sobre el borde de la bañera; lentamente acarició su piel con la esponja y enjabonó su gemelo con cuidado, más tarde su brazo y su cuello hasta llegar a la espalda; seguía sin comprender por qué razón me acababa de convertir en un mirón pervertido hasta que la observé detenidamente y encontré una posible respuesta. Era perfecta, piel suave, bonita espalda, fino cuello, unas piernas preciosas y un pelo castaño oscuro larguísimo, el coletero se había perdido entre la espuma y ahora éste descansaba sobre sus hombros. Hacía tiempo que no sentía… “necesidad” por una mujer. Sería mejor que me marchara antes de que se me pasara por la cabeza hacer alguna locura.

Mientras estaba subiendo las escaleras escuché un grito y regresé.

                        ***
Pasaron unos veinte minutos desde que grité en la buhardilla, después de eso no sucedió nada más. Bajé cuidadosamente al segundo piso y sin hacer ruido comprobé todas las habitaciones; más le valía no aparecer por sorpresa si no quería llevarse un palazo y de los buenos, que cosas más curiosas podemos encontrar en una buhardilla, ¿quien me iba a decir a mí que Carlos tenía una pala de madera maciza y de hierro?, desde luego quien me viera ahora saldría corriendo, parecía salida de una película de terror, “La Pija Loca de la Pala. Pesadilla en Villa Roja, parte 1”, sin duda triunfaría en cines.
El segundo piso estaba limpio, nadie al acecho aunque no debía confiarme; a los pocos segundos unas pisadas me sobresaltaron, alguien estaba subiendo lentamente por la escalera así que asustada me coloqué pegada a la pared y preparada para la acción.

-         AHHHHHHHHHHHH! – Pensé que lograría levantar la pala un poco más que a la altura de mi cabeza con el fin de golpear correctamente a mi adversario; bien, no fue así, esa cosa pesaba más que yo y menos mal, por que era Carlos quien subía uno a uno los escalones con un bate de béisbol en la mano y al que di un susto de muerte cuando aparecí con aquel enorme instrumento, por lo que se ve de su abuelo, quien fue enterrador en la era del Paleolítico por lo menos, para que lo entendáis y resumiendo, el hombre murió con 103 años.
-         Irene! NO TE RECOMIENDO QUE COJAS ESA PALA y menos para abrirle la cabeza a alguien! – gritaba todavía asustado. No pude evitar reírme.
-         Lo siento… - Pronto terminaron las risas y nos fundimos en un gran abrazo. Segundos después Carlos me miró fijamente. - ¿Estás bien? – pregunté.
-         Sabiendo que tú lo estás, sí. Pero tienes que contarme que ha sido todo eso; si los dos hemos visto lo mismo con claridad dejaré de pensar que soy un paranoico, histérico o esquizofrénico.
-         Los dos hemos visto lo mismo Carlos. Es una larga historia.
-         Tengo tiempo de sobra para hablar, Irene. Y más tratándose de Fedro.
-         Dudo que esa cosa sea Fedro, Carlos; lo dudo mucho. ¿Has visto hacia dónde ha ido?
-         Sí, a casa de Eryel; mencionó algo sobre un libro, iba a ir a buscarlo allí; textualmente le escuché decir: “cuando acabe con esta tontería volveré a Notham y Salzar me lo perdonará todo…”
-         ¿Notham?¿Salzar? – pregunté atónita.
-         Lo sé, esto es terroríficamente parecido a una película en la que sin duda paso de participar… Espera un segundo… FEDRO HA IDO A CASA DE ERYEL! – advirtió alterado.
-         Tranquilízate, en esta época del año ella está con su tía en la ciudad no hay de qué preocuparse… al menos de momento; aún así no podemos dejarlo estar Carlos, esto ya ha ido demasiado lejos, no nos dejará en paz.
-         ¿Qué piensas hacer, jugar a los detectives, Irene? No somos el Inspector Gadchet ni nada por el estilo; sino dos adolescentes de diecisiete años que quieren conservar sus vidas el mayor tiempo posible.
-         No se tú, pero yo pienso averiguar que es lo que está pasando.
-         ¿Cómo? ¿Llamarás a la policía?, ¿qué les dirás, que una serpiente gigante, una pantera enorme y un loco psicópata, los cuales son la misma persona o cosa, han invadido una propiedad privada e intentado matarnos? – Carlos tenía razón, era una locura y nadie nos creería.
-         No nos conviene entrometernos en esto y menos tratándose de Eryel y de Fedro; no sólo es lo que hoy ha pasado Irene, te recuerdo que ese hombre es un asesino.
-         Eso no lo sabemos… - dije tratando de convencerme a mí misma.
-         ¿Estás de broma? Se marchó el mismo día en el que la madre de Eryel murió, el mismo día en el que SU MUJER murió; sin explicación, sin despedida y cinco minutos antes de que nosotros encontráramos el cuerpo. Por Dios Santo Irene! Si hasta escuchamos el coche y la puerta trasera de la casa, tuvo que ser él!
-         Estupendo, no me ayudes, ve por tu cuenta; pero te advierto que mañana por la mañana entraré en casa de Eryel yo sola y si me pasa algo quedará en tu conciencia. – Fuera como fuere sentía la necesidad de descubrir que diablos estaba ocurriendo, con su ayuda o sin ella.



***

-         Respiré hondo, cerré los ojos y hundí la cabeza en el agua durante unos segundos.

- AHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!! – Al volver a respirar, secarme los ojos con los puños  y aclarar la vista, una pequeña cosa peluda me sorprendió en el borde de la bañera.
De repente Eric entró en el baño alarmado.
-         ¿Se puede saber que pasa?! – En cuando lo vi mirar más de la cuenta le lancé la pastilla de jabón a la cabeza. – Cierra los ojos y vete antes de que encuentre algo más duro y puntiagudo que lanzarte.
-         Auu! Serás bestia! – Entendido ya me largo. Dijo Eric mientras se tocaba el pelo aliviando el dolor.
-         Cierra la puerta!
-         No se puede patosa.
-         Me da igual inventa algo! – Dije avergonzada y estresada; no quería que el agua se enfriara. De pronto la puerta se cerró.
-         ¿Blu? ¿Eres tú? – Pregunté curiosa mientras me incorporaba acercándome al borde de la bañera. Blu yacía empapado en el suelo un tanto mareado.
-         Sí Eryel, soy yo… - Contestó entre titubeos.
-         ¿Se puede saber qué haces aquí?
-         Buscar a Lauren… - continuó algo desorientado.
-         Ah. Lauren no está aquí.
-         ¿No está aquí contigo? – Preguntó mientras se ponía en pié y se escurría con una pequeña sacudida.
-         No, no estoy con él. Estoy con un amigo, dile a Nora y a Lis que estoy bien si preguntan…
-         ¿Seguro que estás bien, Eryel?
-         Sí, bastante bien por suerte. No os preocupéis por Lauren, por desgracia sabe cuidarse sólo, está en perfecto estado, ni un rasguño. – contesté mientras salía de la bañera y me enrollaba en la toalla.
-         A Lis le alegrará escuchar eso. – Añadió.
-         ¿Eryel con quién hablas? – se escuchó tras la puerta.
-         Con nadie Eric. – La puerta se abrió de repente.
-         ERYEL! – Dijo mientras recogía del suelo una segunda pastilla de jabón.
-         Lo siento pensaba que habías abierto tú la puerta. – dije avergonzada percatándome de que Blu había desaparecido.
-         La puerta no cierra bien por si no te has fijado. – dijo molesto. - ¿Se puede saber que narices es eso? – Preguntó alarmado mientras se acercaba a mí rápidamente.
-         Necesito que te quites la toalla. – continuó.
-         Más quisieras! – contesté.
-         Eryel hablo en serio. – Asustada obedecí dándome la vuelta y retirando la toalla dejando así al descubierto mi espalda, mi cuello y cubriendo mi pecho con ambos brazos.
-         La herida está infectada y mucho, la hemorragia ha bajado por el hombro hacia la columna y todavía no está cerrada. Vístete, comemos y nos vamos a ver a Alexa; alguien tiene que curarte ese hombro patosa.



Debo advertir y aclarar que cuando Sandro dice “mi especialidad” quiere decir “lo único que he cocinado en mi vida”, sacar vuestras conclusiones respecto al estofado. Comimos, recogimos la mesa y Sandro nos dejó dos de sus caballos para no tener que ir a pie todo el trayecto; no sabía cómo de lejos estaba la taberna a la que íbamos a ir y esperaba que no mucho. Llevábamos un buen rato a caballo cuando Eric me llamó.

-         Patosa.
-         Dime.
-         Alexa, la chica que voy a presentarte, no es muy normal para ser una mujer…
-         Explica eso por favor…
-         Alexa es arquera, luchó en el ejército de Notham hasta que este asesinó a su familia por no pagar las rentas ni los tributos. Su trabajo y servicio al reino no fue suficiente para compensar los gastos, eso fue lo que pensó Notham. Alexa cogió todo lo que le quedaba y se marchó; ahora no tiene un sitio fijo, va y viene de aquí para allá.
-         ¿Y cómo sabes que hoy estará en la taberna?
-         La conozco demasiado.
-         Mejor no pregunto… - dije.
-         Te digo esto para que intentes nombrar a Notham lo mínimo posible hasta que no… haya un poco más de confianza; tiene un pronto horrible y no soporta ningún tipo de comentario que incluya ese nombre.
-         ¿Estuvisteis juntos no es cierto? – Pregunté acostumbrada a los líos entre Irene y los chicos del instituto.
-         ¿Qué eres una especie de adivina psicópata?
-         Algo así.


Habíamos llegado; bajamos de los caballos y los atamos a unos postes de madera cerca de un bebedero. Frente a nosotros se alzaba una fachada oscura por la mugre y el musgo que nacía entre la humedad; miles de diferentes voces hablaban, cantaban o discutían en el interior de la taberna. Cuando creí que Eric se disponía a entrar, este se giró hacia mí y durante unos segundos alzó la vista hacia al cielo.

-         Eryel, te presento a Alexa. – Me dijo señalando a un águila enorme que planeaba entre las nubes.
-         Venga ya, ¿enserio?
-         Sí, enserio. – me di la vuelta, una chica vestida prácticamente de chico, cargada de puñales, espadas, un arco y miles de flechas, con un pelo rubio larguísimo y unos feroces ojos marrones se alzaba ante mí. Volví la vista hacia Eric quien avergonzado y risueño miraba a aquella chica fijamente.
-         Has perdido práctica pequeña pantera. Ése de ahí arriba es mi hermano. ¿Hace tiempo que no planeo en círculos sabes?
-         Perdone usted señorita, ¿le parece si entramos a tomar algo para refrescarnos las gargantas? – contestó Eric como si fuera una pija del siglo XVIII.
-         Anda, entra que tomemos unas cervezas y me cuentas lo que necesitas. – Dijo mientras se quitaba la chaqueta de piel marrón oscuro y abría la puerta de la taberna. Un cristal salió disparado por una ventana, supuse que era un vaso o algo parecido. Sinceramente ese lugar me producía escalofríos.
-         Es necesario entrar ahí? – Susurré a Eric tratando de que Alexa no lo escuchara.
-         Sí, lo es. Tranquila  mientras no te separes de mí no te pasará nada.
-         Qué significa eso Eric? – Pregunté alarmada.
-         A todos les debo dinero, será algo más complicado si hoy ha venido al que robé mujer e hija en tan solo dos semanas, ya sabes caprichos míos de hace unos años.
-         TE LAS COMISTE?!
-         No animal. “Otro tipo de caprichos” – continuó. – lo dicho, no te separes de mí o mejor, no te separes de Alexa yo haré lo mismo será lo mejor. – dijo entrando en el local y cerrando la puerta tras de si.

Estaba dudando si unirme a ellos o quedarme sentada frente a los caballos, dejé de hacerlo en cuanto vi a un hombre parecido a un asesino en serie que salía en una película de los años setenta caminando hacia mí y sin pensarlo entré deprisa y corriendo en el local.
La herida me escocía cada vez más y estaba empezando a perder sensibilidad en el brazo; ahora sólo faltaba que me cayera un barril de cerveza en la cabeza y me quedara tonta para “los restos”. Cuando entré en la taberna, mi cara pasó a un color pálido verdoso. Voy a morir joven, pensé mientras me acercaba hasta Eric y Alexa quienes me esperaban sonrientes en la barra.

-         Encantada de conocerte novata. – Dijo Alexa chistosa.
-         Igualmente… - contesté mientras miraba a mi alrededor.
-         ¿A todos les debes dinero?¿En serio? – un hombre bajito y gordo me miraba con malicia desde una de las esquinas.
-         En serio. – respondieron los dos al unísono. De repente una jarra de cerveza voló por los aires rompiéndose en mil pedacitos contra la pared que había justo detrás de la barra; Eric se pringó de arriba a abajo y Alexa instintivamente sacó la espada de su funda. 
-   Eric estoy harta de que todo el mundo en Cassian te quiera muerto sabes?
-   Eryel, recuerdas el hombre de la mujer y la hija verdad?
-   Sí, por qué?
-   Es aquel de la puerta. - contestó señalando a un campesino de unos dos metros de altura con cara de Bulldog. 
-   Joel, no quiero peleas en mi bar entendido?! - Advirtió Alexa a aquel hombre.
-   Ha dicho "su bar"? - pregunté, aunque nadie respondió. De repente el fortachón que estaba decidido a matar a Eric por encima de cualquier cosa cayó redondo al suelo, cuerpo por un lado y cabeza por otro, segundos después dos soldados de armadura negra y escudo rojo, entraron en el local espada en mano. 
-   Os han seguido, maldita sea Eric! Vas a pagarme todos los destrozos que sufra mi taberna tras cargarnos a todos esos "soldaditos de plomo" que están entrando por la puerta. - tras terminar la frase, Alexa lanzó dos puñales, fueron tan deprisa que casi ni los vi mientras volaban por el aire; el primero aterrizó entre ceja y ceja del primer guardia y el otro en la rodilla del segundo.
 - Todos los borrachos empezaron a armar alboroto hasta que comenzó una gran pelea; me escondí bajo uno de los taburetes de madera hasta que me encontré frente a frente con  lo que me pareció el mango de una espada.
-  Eryel, creo que necesitarás esto. - efectivamente era una espada. Alexa se había vuelto completamente chiflada si creía que podría tan siquiera levantarla del suelo. 



Leyre García.



10 comentarios:

  1. Si te digo que ha sido simplemente... maravilloso? me creerías?? :P me ha encantado lianta enserio... es de los mejores que he leído! solo tengo una queja... como puedes dejarlo en ese momento???? es para matarte! jajaja espero pronto el siguiente... esto cada vez esta mas interesante y cada vez tiene mas tramas... me encanta!!

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  2. perfecto como simpre!! :)
    enserio necesito más escenas de acción y más cositas románticas como la de hoy jajaj
    :) enserio, me gusta mucho me encanta, escribes muy bien y enganchas, sigue a si :D

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  3. o dios mio!! xD perfecto amor!! :p mira que yo soy del team Lauren pero Eric en este capitulo es tan cuky!! xDxD..
    lo dicho nena que me encantas tu y tu historia por zupuesto muajaja sigue asi no cambies!! :)
    PD:Me vuelven loca los pinguinos que se giran con el raton!! xDxD te quieerroo!! xD

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  4. me encantas!!!!! no puedo decir mas.
    muai=)

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  5. Me encanta, simplemente *_*
    Espero que pronto publiques el próximo porque me has dejado muerta con la última escena de la espada!
    Sigue así!!!! :D

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  6. Ohhh Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!! :0
    ME ENCANTA! Simplemente eso! No puedo decir otra cosa! Lógicamente, han pasado muchas cosas en este capi, pero descubrir el lado "sensual y sexual" de Eric...ha sido UNA PASADA!! Enamorada de él estoy, como una colegiala! :P
    Espero que Eryel no se entere de las mentirijillas que Eric le ha soltado...pero, seguramente lo hará...aiiis!!!
    La escena del baño...BRUTAL! Y la imagen de Irene con la pala...jajajajajaja muy buena!!
    Me ha gustado muchoo!
    Sigue asíiiii! Muchos ÁNIMOS!
    Un besito grande! :) (LLLLLLL)

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  7. supermegagenial!!!!!! como siempreee!!! :D
    espero que para el siguiente Lauren tenga alguna oportunidad... ;)

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  8. Gracias a tod@s! Amo a Eric sorry a las Team Lauren jaja Ana me morí de la risa con la escena de la pala entre Irene y Carlos jaja x)
    Habrán más escenas subidas de tono tranquilas muahahahaha... y la batalla continuará en el bar y en el aire! ^^ Continuará...
    PD: Lauren tendrá varias oportunidades jiji
    PD2:LA ESCENA DEL BAÑO.... OMG
    PD3: Noe mil gracias por el premio!!!!

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  9. Espera. Que sea Team Lauren no significa que quiera que acabe con Eryel. Para mí que Eric acabe con Eryel y Lauren con otra...Alexa por ejemplo.
    ¡Me ha caído GENIAL! Es mi personaje favorito desde YA. :D
    Eric pervertido jajajajajajjajajajajaa (L)
    LAUREEEEEEEEEEEN ES ADORABLE. LO ADORO. ES UN DIOS GRIEGO XDDDDD
    Besitos amor, se te quiere.

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