jueves, 19 de mayo de 2011

3º Capítulo. Secretos.

Hacía frío y todo estaba en silencio, podía escuchar fácilmente el bombear de mi corazón e incluso el roce del viento entre los juncos que bordeaban el arroyo. Su respiración era pausada y suave, dormía tranquilo, de vez en cuando cambiaba de postura cuidadosamente. Me giré lentamente hasta quedar cara a cara junto a él y con mucho cuidado de no despertarlo aparté dos mechones de pelo que bailaban alborotados sobre sus mejillas.
Sin duda cuando dormía era aún más hermoso.

No conseguía conciliar el sueño, así que tuve mucho cuidado de no hacer ruido al intentar salir de la tienda. No funcionó.


-Au! – Dije dolorida. Había pisado una rama, me había tropezado con una piedra y había caído directamente de culo de nuevo en la tienda. Me giré lentamente para comprobar que Lauren seguía dormido y por suerte así fue. Puse un pie sobre la hierba húmeda y cogí mi pequeño trozo de manta, me apoyé con las dos manos en la malla que cubría el suelo y me incorporé hasta salir al exterior. Hacía frío, me estremecí al instante hasta que pocos segundos después el cielo llamó mi atención. Miento, no fue el cielo, si no las innumerables estrellas que se veían en él. Jamás había visto tantas. Miré a mi alrededor, la luna lo iluminaba prácticamente todo; no quería alejarme mucho de la tienda, bueno… en realidad no quería alejarme de Lauren, así que caminé unos metros hacia el tronco en el que habíamos estado hablando hacía unas pocas horas y me senté en él tapando mis rodillas con aquel pequeño trozo de tela.

¿Qué hacía yo en este lugar? ¿Por qué había llegado hasta aquí y qué significaba todo aquello? Lauren había evitado responder a varias de mis preguntas, como cuando le pregunté sobre mi madre o sobre mi llegada a Dos Lunas, él parecía saberlo todo a cerca de mi, pero ¿y él? ¿qué sabía yo de él?

Una cosa estaba clara, estábamos en su mundo y tenía por tanto que jugar con sus reglas, en ese momento era la única persona que conocía y de quien únicamente podía fiarme. Ya encontraría ocasión para someterlo a un buen interrogatorio.


Me sobresalté, algo se movió rápidamente entre la maleza y me puso los pelos de punta. Respiré hondo y me acerqué a la orilla del arroyo. Aunque todo parezca hermoso, cuando anochece este lugar da escalofríos. La luna se reflejaba en el agua y los juncos brillaban en la oscuridad y bailaban al son del viento y de la suave brisa. Me apoyé en una enorme piedra y caminé poco a poco hasta llegar a una todavía más grande y plana. Me senté y me descalcé dejando caer mis pies desnudos en el agua.

- AHHH! – Exclamé asustada.

- ¿Puedes dejar de hacer ruido ya por favor? Tan solo es una rana. – Se quejó entre balbuceos y medio dormido desde el interior de la tienda.

Efectivamente una pequeña rana saltó desde los juncos y se posó ágilmente sobre la roca en la que yo estaba sentada. Comenzó a croar. Me quedé allí un buen rato hasta que mis pies comenzaron a congelarse. Pensé en todo, en todos; en Carlos, en Irene, en mi tía… Una parte de mi, los echaba de menos y a la otra simplemente le eran indiferentes. Lauren había mencionado que debía encontrar en mi mente una respuesta a una pregunta que se supone ya conocía y que me serviría para salir de Dos Lunas; lo que no sabía era cómo decirle que no tenía muchas ganas e intenciones de volver.

Bajé de aquella roca con cuidado, esquivando ramas y otras rocas puntiagudas hasta que llegué de nuevo a aquel tronco. Era tarde y exactamente no sabia a que horas de la noche se despertaba la gente en Dos Lunas, así que entre bostezos caminé de nuevo en dirección a la tienda.

- Si vas a volver a entrar, no te caigas de nuevo por favor… - Susurró mientras se giraba hacia el otro lado de la tienda. Cualquiera habría pensado que estaba hablando en sueños.

- ¿Estás dormido? – Pregunté. No contestó así que supuse que sí lo estaba.

Antes de tumbarme de nuevo, un escalofrío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Alguien más estaba allí. Mirándonos. Eché un último vistazo a los alrededores antes de entrar.


Todo estaba oscuro, el bosque que se alzaba tras nosotros daba miedo, algo me decía que había alguien o algo que acechaba entre los árboles. De pronto me sobresalté, escuche un fuerte y seco gruñido que hizo que mi nuca se erizara; pensé en lobos, perros gigantes, pumas, leones, panteras, sapos gigantes, vampiros, hombres lobo… hasta que entré en la tienda y descubrí el origen de aquel sonido aterrador. Si se lo proponía, Lauren podría hacer que sus ronquidos se escucharan al otro lado del bosque con sorprendente facilidad. Que va, exagero. Pero aún así debo reconocer que realmente me asusté. Coloqué en el suelo mi trozo de manta y me acurruqué haciéndome una bola de espaldas a Lauren.

- ¿Sigues dormido? – Pregunté desvelada.

- ¿Quieres hacerme el favor de dormirte de una vez? – Balbuceó.

- Ui! Perdone usted, le dejo continuar con su concierto sinfónico. – Espeté entre risas. No contestó.

Estaba totalmente relajada, los grillos continuaban con su canto y por suerte las miles de chicharras que debía haber tras los juncos se habían cansado de molestar. Pasaron unos minutos antes de que me diera cuenta de que estaba tumbada boca arriba con manos y piernas estiradas en el centro de la tienda. Lauren había salido. Me había quedado dormida cosa que agradecí en silencio mientras estiraba cada uno de mis músculos agarrotados por el frío. Me rugía el estómago, esperaba que Lauren trajera algo de comida en su regreso. Asomé la cabeza para mirar al exterior. No había nadie por allí y tampoco parecía haber nadie en el arroyo o entre los árboles. Genial. Perfecto. Me había dejado sola sin un mínimo concepto de supervivencia. Si hubiera sabido que me echaron de los “Scauts” cuando tenía trece años porque me dio miedo un tronco que parecía una serpiente, tal vez habría mostrado un poco más de interés en mi seguridad.

Desde que estaba en Dos Lunas no había mirado aún en el interior de mi mochila y cuando fui a hacerlo me di cuenta de que se había quedado en mi instituto. ¿Qué pasaría si la encontraban?

- Tranquila, nadie encontrara tu mochila los “nunggles” se habrán encargado de eso. – Dijo una curiosa y simpática voz desde el exterior de la tienda. Un poco sorprendida ante aquella espontánea aparición, asomé de nuevo la cabeza con la intención de descubrir de quién provenía.
Entre la oscuridad un pequeño topo estaba acurrucado bajo un gran roble y jugaba alegremente con una bellota que seguramente un ardilla despistada había olvidado en el camino hacia su madriguera. Continué buscando el origen de aquella voz, cuando de repente el pequeño topo se acercó a la tienda y me miró curioso.

- Tu debes de ser Eryel verdad? – Parecía muy alegre de haberme conocido. Tardé unos segundos en reaccionar hasta que mi mente procesó correctamente la información. Acababa de hablarme un topo. Una de dos, o seguía durmiendo o el agua del arroyo me producía alucinaciones. Me restregué los ojos con el fin de comprobar si realmente ese topo se había dirigido a mí como si fuera algo normal y corriente que se ve todos los días. Al abrirlos el topo continuaba mirándome tal y como lo había hecho antes.

- Encantado de conocerte al fin! Yo soy Blu, es un placer! – Dijo.

Mi cara era un cuadro. Mi cuerpo reaccionó al instante. Pegué tal grito que los grillos se callaron, tropecé con la misma rama que en la otra ocasión y me caí de espaldas, la tienda se desmontó y quedé enrollada entre un montón de telas. Cuando conseguí salir de allí el topo me miró expectante con los ojos muy abiertos. Solo supe correr.

- AUU! Eryel ten más cuidado! A diferencia de ti, aquí solemos ir descalzos! – Dijo Lauren entre risas. Al ir corriendo con los ojos cerrados como una completa histérica, no lo vi venir y choqué contra él.

- ¿Pero es que no lo ves? ESE TOPO ACABA DE HABLARME! – Dije con la esperanza de que no pensara que se me había ido la olla.

- Ah! Veo que ya has conocido a mi amigo Blu. ¿Simpático verdad? – Dijo muy convencido.

- No me lo puedo creer. – Estas fueron mis últimas palabras antes de desmayarme. Antes de caer al suelo y abrirme la cabeza unas manos grandes y fuertes me sujetaron por la espalda. Estaba inconsciente, pero nadie podría ignorar tal sensación y menos si esas manos pertenecían a Lauren. Mi cuerpo se alzó en el aire. Me había cogido en brazos supuse. Un recuerdo llegó a mi mente; cuando Carlos me rescató de caerme con los patines, me sorprendí de que esa imagen ya no despertara absolutamente nada en mí. Esto era totalmente diferente.

- ¿Eryel? Llevas inconsciente unas dos horas. – Escuché la voz de Lauren muy lejana. Mamá déjame dormir pensé.

- Bueno si lo prefieres así, llevas dos horas durmiendo. Pero si no te importa, yo no soy tu madre. – Dijo entre risas.

Abrí lentamente los ojos. Allí estaba él. Tardé un poco en darme cuenta de que se había quitado su chaqueta de paño marrón y una camisa blanca, arrugada y desabrochada por la mitad cubría ahora su torso.

- Un topo… hablaba… pequeño… - Balbuceé un poco desorientada.

- Sí, efectivamente un topo te habló, lo que aquí es bastante normal por cierto. – Me susurró Lauren al oído.

Me incorporé lentamente, mi cabeza daba vueltas y continuaba algo mareada. Lauren me ayudó a levantarme del suelo y me trajo un vaso de agua fría y una ración de pescado recién cocinado. No pensaba preguntar de donde había sacado todo aquello, mi estómago pedía comida a gritos. A lo lejos escuche la voz de una chica joven un poco mayor que yo.

- Lauren!! – Dijo.

- Ya voy Lis! Estoy con Eryel. – Contestó Lauren.

- Si se quema la comida, será solo culpa tuya! – Espetó molesta.

- Que sí! Que ya voy, no seas pesada! – Desistió.

Me di la vuelta y la vi. Alta, delgada, pelo rubio trenzado hasta la cintura, ojos verdes azulados; sí, tenían los mismos ojos. Sus facciones finas y delgadas destacaban bajo una caracola blanca que descansaba colgante en su cuello. Lucía un pantalón marrón de cintura alta y una camisa blanca con tirantes, a diferencia de Lauren, ella llevaba unas botas de montar relucientes.

- ¿Es tu hermana? – Pregunté interesada. Si resultaba no ser su hermana sin duda tendría una fuerte competencia.


- En efecto, es mi hermana pequeña. – Ahora que lo pensaba, aún no sabía su edad. – un poco testaruda por cierto pero mi hermana al fin y al cabo. – Prosiguió contándome mientras ella lo continuaba llamando desde aquella pequeña casa. No me había fijado todavía en ese detalle, estaba en su casa. Un pequeño caserón de madera y piedra que se alzaba en el centro del claro del bosque; una espesa nube de humo escapaba por la chimenea y un pequeño “jardín” si se puede llamar de ese modo, iluminado por varias antorchas, decoraba el exterior con unos bonitos bancos de piedra a juego con la fachada. Allí era todo más antiguo de lo normal. Más “medieval”.

- Voy a por mi comida antes de que venga Lis a por mí; cuando se enfada da realmente miedo. – Dijo mirándome risueño a los ojos.

- Lauren, - Lo llamé. – aquel topo, de verdad me habló?

- Sí Eryel, lo hizo! – Gritó a lo lejos mientras corría hacia la entrada del caserón. – A veces hay que ver para creer, pero en Dos Lunas solo has de creer para ver todo lo que piensas imposible! –Continuó.

- Creo que eso ya lo he comprobado con tu amigo el topo, gracias! – Grité entre dientes.

- Vaya veo que ya has conocido a Blu. – Me di la vuelta; una señora no muy mayor, de pelo rizado castaño y ojos verdes se alzaba delante de mí.

- Cuando has llegado querida? – Preguntó amablemente.

- Pues hará unas horas, creo que ya he perdido el sentido del tiempo en este lugar. – Dije desorientada mirando a mi alrededor.

- Tranquila, una se termina acostumbrando. – Respondió amablemente. – Por cierto yo soy Nora encantada de tenerte con nosotros, Eryel. Nuestra casa no es muy grande pero me parece que habrá un hueco para ti.

- Encantada de conocerla. – Sentí algo extraño dentro de mi, algo bueno; me transmitía confianza y al mismo tiempo me hacía sentir como en casa. – Podría hacerle una pregunta un poco indiscreta?

- Si tu pregunta es si soy la madre de Lauren, no, no lo soy, soy su tía, su madre falleció hará alrededor de dos años. Pero digamos que en este momento soy como una segunda madre para Lis y para él.
- Usted sabría decirme que son los “nunggles”? – Pregunte mientras caminábamos hacia donde Lis y Lauren estaban poniendo la mesa, poco segura de recordar correctamente lo que dijo el topo.

Nora sonrió. – Por supuesto que sé lo que son los “nunggles”. Son duendes. Normalmente tienen muy mal genio si no te conocen, pero si no es así, son muy útiles ayudando a esconder y proteger objetos valiosos. ¿Por qué esa pregunta?

- Cuando conocí al topo… digo… a Blu, estaba buscando mi mochila; pensé que debía tenerla conmigo pero pronto me di cuenta de que se tenía que haber quedado en el instituto o se debería haber perdido cuando me desvanecí y Lauren me rescató. Así que el topo, osea.. Blu, me dijo: “tranquila, los nuggles ya se habrán ocupado de eso”

- Espera un momento,¿dices que Lauren te rescató? – Preguntó con los ojos bien abiertos.

- Sí, así es… Es algo malo?

- Mencionó algo sobre eso cuando llegasteis aquí? – Continuó intentando disimular el enfado que transmitían tímidamente sus palabras.

- Bueno… nada especial que yo recuerde. Ahora que lo dices le he estado preguntado cosas parecidas, como, qué hago aquí, que pasó con mi madre… pero siempre que lo hago evita disimuladamente responder y cambia de tema al instante. ¿Qué pasa Nora? – Pregunté ante sus ojos tristes y enfurecidos al mismo tiempo.

- Nada importante querida, ahora necesitas comer algo, ponte cómoda y dejemos esta conversación para más tarde. – Me dijo intentando calmar mi interés mientras me invitaba a sentarme en la mesa recién puesta. Varios platos de comida que no había probado en mi vida descansaban sobre ella.

- ¿Qué tal ha ido el trayecto Lauren?

- Bastante bien tía Nora, Eryel se ha “sorprendido” por decirlo de alguna forma, de varias cosas que han ocurrido por el camino, pero por lo demás todo bien. – Dijo chistoso.



Su hermana Lis sonrió. Su sonrisa era perfecta aun que estaba claro que lo había hecho para burlarse de mi discretamente.

- Ahh Lis, te presento a Eryel. - Dijo Lauren.

– Encantada de conocerte, espero que Blu no te haya asustado mucho. – Se dirigió a mí con franqueza.

- No fue nada, solo desmontó media tienda de campaña cuando lo escuchó hablar pero nada del otro mundo. – Me interrumpió cuando me disponía a contestar a su hermana. Esta emitió una risa torcida un tanto compasiva, que me tranquilizó.

- Tranquila Eryel, muchos viajeros han reaccionado mil veces peor de lo que lo has hecho tu. Estoy realmente impresionada. – Se la veía sincera.

- Gracias. – Sonreí.

- No hay por qué darlas. – Dijo mientras pinchaba un trozo de pescado que sin duda debía de ser trucha.

- Bueno, y le has hablado a Eryel ya, de la historia de Dos Lunas?

– Sí, le conté la historia de los siete reinos, de hecho fue lo primero que me preguntó. – Contestó Lauren a Nora.

- Sí! Me sorprendió mucho la verdad; le comenté a Lauren que todo esto me recordaba a uno de los cuentos que mi madre me leía de pequeña, hasta que concluí en que aunque parezca mentira, yo soñé durante dos o tres años con este lugar. – Dije muy segura de mi misma mientras me peleaba con una oliva.

- ¿Un libro? – Interrumpió Lis sorprendida.

Nora intentando esquivar la conversación, mandó a Lis a por unas jarras de agua. Sentía que me ocultaban algo, podía verlo en sus ojos. Los tres eran cómplices de algo que yo desconocía y no pensaba quedarme parada a que me lo contaran. Tarde o temprano intentaría enterarme por mi misma, así que insistí.



- Según Lauren, iba a caer en el Reino de Notham si no me hubiera rescatado, menos mal que lo hizo, Salzar tiene pinta de no estar muy cuerdo. – Dijé chistosa. Al parecer era a la única que le hacía gracia. Lauren me dio un pisotón.

-AU! Ya te vale! – Dije enfadada.

A Lis que había estado escuchando intrigada desde la puerta de entrada, se le resbalaron las dos jarras de agua, yo sabía que lo había hecho para distraerme y para que la conversación cesara. Nora se levantó deprisa a ayudarla y yo recogí la mesa junto a Lauren en silencio, evitando miradas directas y esperando reanudar la conversación pendiente que tenía con su tía lo antes posible. En el interior de la casa todo era acogedor, unos sillones de madera acolchados con “cojines” hechos de algodón, cubierto de telares anudados con cuerda de saco, presentaban sencillos el pequeño salón alumbrado por una enorme chimenea. La cocina era bastante pequeña pero lo suficientemente grande como para hacer un buen guiso para cuatro personas.

Cuando terminamos de recoger y limpiar todo, Nora me enseño mi “habitación”, era pequeña y olía mucho a almacén, pero estaba bien para una chica como yo. Lauren se despidió de mí y cerró la puerta de su cuarto que estaba justo al lado de la mía. Nora me trajo una zafa y una esponja para que me duchara. Cuando los demás se fueron a dormir, me quité la ropa lentamente y como pude a la luz de las velas y entré descalza en donde se encontraba la zona de baño. Comprobé por mi misma que no había wc ni lavabo sino que detrás del pequeño granero que asomaba por detrás del caserón había una caseta diminuta donde supuse tendría que hacer todo lo que me fuera necesario. Cómo no; tampoco había agua caliente, así que digamos que mi momento de relax en la bañera fue bastante corto. Me puse mi camiseta de nuevo, me solté el pelo y acostándome en la cama me tapé con una manta mullida de lana y algodón que había encontrado en la mesilla de madera. Lis y Nora se habían ido a Dormir pero Lauren y yo ya habíamos cumplido con nuestras horas de sueño, así que sabía con certeza que tanto él como yo estaríamos despiertos hasta el amanecer. Dejé encendida únicamente una vela y abrí la pequeña ventana de la habitación para distraerme contando estrellas, como hacía cuando cuidaba de mi abuela, hasta que mi mente quedó en blanco.


***

- ¿Estás loco? ¿¡Se puede saber cómo no me lo has dicho antes!? ¿¡¡¡Antes de traerla aquí!!!?

- ¿Qué querías que hiciera? ¡¡¿Que la dejara caer en Notham?!!– Gritó Lauren indignado. - Crees de verdad que cuando Salzar se enterara de que es hija de Liah la iba a dejar con vida?

- ¡Trayéndola aquí nos has puesto en peligro a todos! – Le interrumpió Nora.

- ¡¿Te estás escuchando tía?! ¡Prometiste bajo cualquier circunstancia que cuidarías de ella si por alguna casualidad llegaba a Dos Lunas!
– Gritó Lauren enfadado.

- Nunca pensé que realmente fuera a parar aquí Lauren. – Le dijo serena y triste.

El sol asomaba por entre las montañas azules, la luna se escondía bajo el cielo violáceo y anaranjado del amanecer. Un nuevo día comenzaba en Dos Lunas.  


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6 comentarios:

  1. MAgnifico!!! simplemente eso... que es lo que ocultan?? por que todas esas reacciones?? aaa te a quedado demasiado intrigante, que secreto guardan?? no nos puedes dejar así jeje

    Cada día te superar mas Lianta!! sigue así y llegaras a escribir algo grande! muy grande como ya lo estas haciendo!!
    enhorabuena!!

    atentamente
    un fan

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  2. oiss!! no ay de que!! te mereces esos ánimos y mas!!! sigue así lianta!!

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  3. me ha encantado!! jeje y qué torpe es la prota, tropezando con todo y destrozando la tienda xD me cae genial n.n
    y la historia cada vez se pone más interesante :O espero que la sigas pronto :P

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  4. Por supuestísimo que seguiré lo antes que pueda jaja este fin de semana colgaré el siguiente capítulo! En serio a mi me encantan las historias de zombis, y vampiros desquiciados y todo el royo aunque no lo parezca con esta novela jaja así que sigue escribiendo pronto tu también eh!

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  5. Uou!! Esto se pone interesante!! Me muero de ganas de pinchar en "Siguiente capítulo" así que... voy para allá! :P
    Sigue así, Bellecita!! ^^ Besos!

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