domingo, 18 de septiembre de 2011

Capítulo 12. "Exiliados"

Mientras Fedro acechaba en Villa Roja, y Eryel hablaba con Eric en el granero de Sandro; Lauren cabalgaba hacia allí para encontrarse con el Rey Deltor en el Reino de Cassian. La noticia de que la hija de Liah había llegado sin pasar por el Reino de Shelden, en el que se encuentra el único portal accesible, había recorrido los Siete Reinos con gran facilidad. La posibilidad de que la sucesora de la viajera supiera cómo escapó su madre de Dos Lunas llamaba la atención de todos los seres que habitan el mundo mágico. Si su secreto cayera en manos equivocadas puede que las grietas que hace mucho se cerraron comenzaran a abrirse de nuevo, hasta que esta vez, nadie pudiera repararlas. 

Fuera de las murallas todos y cada uno de Los Reinos preparaban a sus ejércitos aguardando a una guerra que pronto comenzaría. Salzar había conseguido persuadir a muchos de los que antes eran aliados de Deltor para que lo siguieran a él, y Deltor percatándose de ello había organizado una partida de búsqueda y mandado a miles de espías para que recorrieran Dos Lunas en busca de dichos traidores, tratando así de reforzar la protección de Eryel y la seguridad de los reinos. Cassian, Shelden, Lissed, Delintov y Nathan; quienes habían jurado lealtad a Deltor en su nombramiento real, debían decidir ahora a quién cubrirían las espaldas. Salzar cada vez se hacía más poderoso y Eryel tan inocente como siempre únicamente pensaba y esperaba llegar ilesa a Notham mientras ignorando  que miles de criaturas y seres perdían la vida para salvar la suya. ¿Cuánto tiempo falta para que la viajera se de cuenta de que ella sólo es una mota de polvo envuelta en medio de un gran conflicto ajeno a sus caprichos y convicciones de niña?

                          ***

La desgastada silla de montar que utilizaba mi madre hace años todavía ejercía su función bastante bien; aunque en este instante el cuero envejecido que la recubría dejaba mucho que desear. Las cinchas deterioradas por la lluvia y el frío de los largos inviernos se resbalaban entre el pelaje. Sabía que no podía forzar a Dilaila para que fuera más deprisa, los caballos no son animales fuertes cuando se sienten mal o cuando están extremadamente cansados tras largas marchas como las que habíamos realizado esta semana. Deberíamos haber parado a descansar hace horas y aunque sé que no podemos permitirnos perder ni un solo segundo, ese momento había llegado.

Tiré suavemente de las riendas hasta que Dilaila aminoró la marcha y cansada tras un breve suspiro frenó en seco. Sujeté la silla con seguridad, apoyé el pié izquierdo en uno de los estribos e impulsándome ágilmente bajé de un salto hasta tocar el suelo escarpado. Hacía frío, debería haber cogido la capa de piel tal y como me había aconsejado Lis. Froté mis manos suavemente hasta que entraron en calor tras los guantes de cuero. Ajusté las correas de mis botas y me incorporé lentamente. El tiempo en Dos Lunas era imprevisible, podía hacer un día estupendo y a los pocos segundos ponerse a nevar. Hoy sin duda tocaba lo segundo. Una ráfaga de viento helado hizo que automáticamente me refugiara en Dilaila, quien estremeció brevemente quejándose de los pequeños copos de nieve que poco a poco habían comenzado a caer sobre su lomo.

-         Ei, qué pasa pequeña? Sólo es nieve, sé que estas cansada pero hemos pasado por esto antes. Sé que puedes continuar. – Susurré con cariño mientras Dilaila relinchó y movió la cabeza en señal de cansancio. – Está bien, descansaremos, pero tenemos que buscar un buen lugar.

Caminé a pié junto a ella durante unos minutos hasta que a lo lejos entre las copas de los árboles descubrimos una columna de humo. Dilaila retrocedió de repente.

-         Tranquila, todo está bien. – Le dije. Al desviar la mirada hacia el frente supe de dónde provenía aquel inusual fenómeno. La cabaña de la Princesa Cynthia se fundía lentamente entre las llamas. Creía sinceramente que no habíamos recorrido tanto camino; la cabaña se encuentra justo en el centro del bosque cerca del Reino de Lissed. Ya no recordaba la última vez que estuve aquí. Sin perder la atención ni un solo segundo, vi cómo una sombra aparecía de entre el gran muro de fuego que envolvía lo poco que quedaba de aquella casa. Esa presencia no podía augurar nada bueno. – Pequeña, lo siento mucho pero nuestro descanso deberá esperar. – Dije mientras montaba de nuevo ágilmente. Golpeé suavemente su lomo con el lateral de mi bota hasta que inmediatamente nos pusimos de nuevo en marcha y a salvo. Avanzaríamos un kilómetro hacia la Cascada de Cassian y descansaríamos allí; no estábamos muy lejos al fin y al cabo. Cuando rodeamos la cabaña en llamas algo llamó mi atención, las botas que había cogido Eryel al marcharse se quemaban entre las llamas. Bajé de Dilaila de un salto. “Ha estado aquí”. Su inocente mirada acudió a mi cabeza en cuestión de segundos. Estaba cerca, podía sentirla. Cuando me dispuse a reanudar mi viaje pensando en su sonrisa, un destello dorado me sorprendió tras uno de los cristales de las ventanas traseras de aquella casa. No le di mayor importancia hasta que vi de qué se trataba. La llave de Cynthia, pensé. Cuentan la historia de que una vez una princesa escapó de su castillo en medio de una gran guerra y cruzó un mar de llamas para proteger a su bebé en un pasadizo secreto bajo el Reino de Lissed, dicen que la única forma de llegar a ése pasadizo y de descubrir lo que escondía aquel lugar era encontrando la llave de oro que la Princesa Cynthia había escondido días después en la boca del Kalassian, el Dragón de hierro. Miles de soldados y de caballeros intentaron enfrentarse al temido Dragón quien aguardaba tras Las Montañas de Plata antes de llegar a la antigua aldea de Notham; nadie logró derrotarlo. Se dice que la llave desapareció como por arte de magia cuando Kalassian abandonó las montañas  y que desde ese instante nunca se ha sabido de su paradero. El Rey ayudó a la princesa más tarde a refugiarse en el mismo pasadizo en el que ella había escondido a su bebé, para protegerla de la guerra; sin embargo nadie volvió a saber de ella. Y ahora en este instante, la llave que buscaron por cielo, tierra y mar millones de soldados y de criaturas, estaba frente a mí, deslumbrándome con su tentador baño de oro.

Tras asimilar todo aquello miré a mi alrededor en busca de algún objeto con el que poder romper el marco de la ventana hasta que cansado, di un puñetazo en el cristal. El humo se escapó por el agujero que había abierto en el pequeño ventanal y me hizo retroceder. Hacía mucho calor, la vista se me nubló y las manos comenzaron a sudarme. Me quité la camiseta, la rasgué por la mitad y me vendé las manos para protegerlas de las llamas. La musculatura de mi espalda agarrotada por el largo viaje, comenzó a destensarse gracias al calor. Las llamas acechaban poco a poco con más fuerza así que me acerqué a Dilaila y la amarré deprisa en un árbol cercano para resguardarla del fuego. Corrí hacia un pequeño pozo situado tras la cabaña y tiré con fuerza de las cadenas hasta que un cubo lleno de agua fría llegó a mis manos. Cuidadosamente dejé caer el agua sobre mi cuerpo para evitar posibles quemaduras; estaba congelada, todavía nevaba y el borde del pozo estaba ya congelado por la escarcha. Me apresuré hacia la ventana, respiré hondo y di otros dos puñetazos contra el cristal para poder así, entrar con mayor facilidad. Una vez en el interior, todo se nubló, las llamas llenaban todos y cada uno de los rincones de aquella cabaña y la visibilidad era nula en aquel lugar; había arriesgado mucho al entrar a buscar aquel colgante, colgante que ya no estaba donde yo creía haberlo visto.

-         ¿Buscas esto? – Dijo una voz entre las llamas. Rápidamente me di la vuelta y vi como una sombra sostenía en su mano derecha el colgante con la llave de oro.
-         ¿Quién eres?! – Grité mientras tapaba mi boca y mi nariz y protegía mis ojos.
-         No quieres saber quien soy sino como conseguir lo que ves entre mis dedos. – Mientras dijo aquello caí al suelo de rodillas, había demasiado humo.
-         Dile a Deltor que Salzar y él junto con sus aliados, no son los únicos seres que habitan este mundo. Dile que las almas que un día quedaron en el exilio ahora vuelven a reclamar lo que les pertenece; seguro que comprenderá de qué hablo. Toma la llave, cógela. – Lanzó la llave al aire hasta que cayó entre las llamas; intenté incorporarme lentamente aun así, no lo conseguí. En el exterior se escuchaba el relinchar de Dilaila asustada y preocupada; dudaba realmente que lograra escapar de allí hasta que gotas de agua helada, el sonido de los truenos y el destello de los rayos me sorprendieron. Comenzó a llover. Las llamas fueron apagándose lentamente hasta que descubrí ante mí lo que había estado buscando. Quien quiera que fuera aquel ser, no era conocido, sin duda debía de llevar ése mensaje a Deltor. Conseguí ponerme de pié y arrodillándome, extendí la mano hasta sentir la textura suave y caliente del oro que recubría aquella llave. La puse sobre mi cuello y medio mareado entre la ropa quemada y mi torso desnudo cubierto de sudor traté de salir al exterior. Dilaila había logrado soltarse de aquel árbol y me miraba curiosa. Sin duda descansaríamos aquí. Me dejé caer junto a ella entre unas raíces y agarré mi poncho de cuero para resguardarme del frío. Bajo la copa del gran árbol en el que nos encontrábamos la nieve y la lluvia no nos alcanzarían. Descansaríamos unas horas y después continuaríamos hacia el Reino de Cassian.


-         ¿Qué miras pequeña granuja? – Balbuceé entre graves tosidos. – Piensas que estoy haciéndome mayor no es así? Te equivocas. – La yegua me miró atentamente y emitió un breve suspiro en forma de burla. – Cálla. – Respondí. – Dentro de unas horas tendremos que reanudar la marcha. – Dije en voz alta mientras me acurrucaba cerrando los ojos.


***

-         Carlos no abras la puerta!!!! – Grité como una posesa desde la escalera. Carlos me miró sorprendido y me sonrió chistoso.
-         No pasa nada Irene, sólo es Jose Ángel el vecino de enfrente. – ¿Jose Ángel?¿Cómo que “es Jose Ángel”? Pensé. - ¿Cómo dices? – Pregunté.
-         Como digo. Es Jose Ángel. – Me asomé despacio a la puerta y lo vi. Fedro se alzaba frente a nosotros y Carlos decía ver a su vecino. Mis ojos se abrieron como platos y no supe qué decir.
-         Carlos, vamos dentro seguro que tu vecino querrá descansar, es tarde. – Dije disimuladamente mientras lo agarraba del brazo.
-         Irene, se puede saber qué te pasa? – Fedro me guiñó un ojo. Comenzó a temblarme todo el cuerpo.
-         Nada Carlos sólo que quiero que entres. – Contesté rotundamente. Carlos miró mi cara inexpresiva y pálida, hasta que lo agarré por la espalda, lo empujé contra la pared y cerré la puerta de un golpe con pestillo.
-         ¡CIERRA TODAS LAS VENTANAS, TODAS!¡TE LO EXPLICARÉ DESPUÉS, AHORA NECESITO QUE CONFÍES EN MÍ, POR FAVOR CARLOS! – Grité nerviosa y entre sollozos.

“Pii pii, Pii Pii!  Has recibido un mensaje nuevo. Remitente: Anónimo.

“No, no, no, no, no; chica mala Irene. No deberías haber hecho eso.”

No sé como había llegado mi movil hasta la cocina desde el piso de arriba en tan poco tiempo y no me quedaría pensando en ello. Carlos me miró petrificado y sorprendido.

-         ¿Irene qué te pasa? – Dijo.
-         CARLOS SÓLO TE PIDO QUE CONFÍES EN MÍ. - Alguien comenzó a aporrear la puerta de entrada con dureza.
-         NO HAGAS PREGUNTAS Y ESCÓNDETE DONDE NO PUEDAN ENCONTRARTE! CORRE!
-         ¿QUIÉN ÉS IRENE!? – Gritó Carlos nervioso.
-         Carlos he dicho que no preguntes! CORRE, SÓLO CORRE!-Contesté mientras empujaba una de las librerías del salón contra la puerta.
-         ¿QUIÉN ÉS!!!!? – Gritó fuerte y rotundo. – Se hizo el silencio en la habitación.
-         Es Fedro Carlos.
-         Fedro? Pero si has visto claramente de era mi vecino Irene, ¿qué estas diciendo?!
-         TE DIGO QUE ES FEDRO CARLOS! – La puerta se abrió de repente, la librería se partió por la mitad y los dos caímos al suelo. Carlos quedó helado. Ya estaba contento? Ya lo había visto con sus propios ojos? Íbamos a morir, lo presentía.
-         Irene, NO TE MUEVAS. – Ante aquellas palabras me incorporé corriendo hasta llegar a su lado. No era Fedro. Al menos eso creía. Una enorme pantera negra con destellos marrones y de ojos grises azulados se alzaba ante nosotros. No entendía nada.
-         Irene, antes has dicho que confiara en ti verdad? – Susurró Carlos sin mover ni un solo músculo.
-         Sí, lo he dicho.
-         Vale. CORRE! – Gritó. Acto seguido la pantera comenzó a rugir con fuerza y al vernos correr dio un gran salto hasta quedar sobre la mesa del comedor. Vi como Carlos se dirigía hacia el sótano y cerraba con fuerza la puerta de la cocina. Aquel animal estaba frente a mí y no sabía qué hacer. Cuando pensé que iba a saltar, cerré los ojos y al abrirlos de nuevo, vi como Fedro se arrodillaba junto a mí.
-         Curioso verdad? Ya dije que las cosas no siempre son lo que parecen Irene. – Sonrió. Cada vez lo tenía más cerca, avanzaba despacio y silencioso cual reptil ante su presa. Comencé a arrastrarme de espaldas hacia la cocina hasta llegar al borde de una silla.
- Pe... pero... pero si hace unos segundo eras una pantera... - balbuceé petrificada.
-  Muy observadora.        ¿Qué piensas hacer ahora Irene? – Tenía razón, no sabía que hacer hasta que observé cómo sobresalía el mango de la sarten que Carlos había utilizado, por la encimera.
-         No pienso hacer nada! – Grité estampándole la salten en la cara. Me levanté de un golpe y corrí hacia las escaleras para esconderme.
-         Te dije que no intentaras jugar conmigo! – Gritó histérico desde la cocina mientras yo subía los escalones de dos en dos. Parece una serpiente, nunca se rinde hasta que consigue su cena. Pensé.
-         ¿Quieres que sea una serpiente? ESTUPENDO, te concederé ése privilegio. – Me di la vuelta y miré hacia el inicio de las escaleras. Había leído mi mente. Una gran serpiente parecida a la de la película “Anaconda” subía lentamente escalón a escalón. La sartén se me resbaló de las manos, cuando reaccioné me faltaban piernas para correr. Podía convertirse en cualquier cosa. Parecía una película fantástica pero seguramente con un terrible final.
***


Eric se había quedado dormido bajo la tímida luz de aquel candil, así que apague la pequeña antorcha que alumbraba el granero y dejando encendida la luz bajo la que Eric descansaba encendida, me tumbé en el otro camastro. Las heridas que cubrían mis hombros ya no me dolían tanto. ¿Qué había sido todo aquello? Había sentido como si Eric formara parte de mí. Sus caricias y su respiración, la textura de su piel y el calor de sus manos al limpiar la sangre que recubría mi brazo. Algo estaba cambiando en mi interior. Algo sucedería pronto. 


- ¿Puedes dormir? - Pregunté desvelada.
- No
- Amm. - Contesté.
- ¿Y tú? - Preguntó.
- Tampoco. - Dije mientras lo miraba tumbada boca arriba. - ¿Qué tal llevas la pierna? - La conversación que estábamos teniendo resultaba rara y extremadamente incómoda.
- Bien, ya te dije que se pasaría rápido. Espero que tus heridas estén un poco mejor mañana, la pantera que te atacó debería aprender a cortarse las uñas. - Prosiguió emitiendo una extraña y risueña mueca. - Las heridas son bastante profundas, mañana iremos a buscar a una amiga y ver qué se puede hacer para evitar que se te ulceren.
- ¿"Para que no se me ulceren" dices? - Pregunté algo preocupada. Los dos seguíamos en camas diferentes tumbados boca arriba; sin embargo sentía como si lo tuviera totalmente pegado a mí.
- Sí. Las heridas profundas si no se desinfectan totalmente, llegan a ulcerarse. No sé que clase de medicación o de plantas medicinales tenéis en tu mundo para resolver estas cosas; pero aquí te aseguro que no encontrarás nada parecido. - Mi cara ensombreció de un momento a otro. Había visto muchas películas medievales, de guerra, de brujería... y en todas ellas, la palabra "úlcera" terminaba en el verbo "amputar". - ¿Y dices que mañana iremos a ver a una amiga tuya? - Pregunté curiosa.
- Iremos a buscar a mi amiga Alexa; no te extrañe si a primera vista te asusta un poco; hace mucho tiempo que no la veo y no sé exáctamente qué clase de tabernas frecuentará ahora.
- ¿Tabernas?
- Sí, tabernas. Borrachos, cerveza, vino, alcohol, pollo... y cosas por el estilo. ¿Te es familiar todo eso?
- ¿De verdad, hay chicas en esos sitios?
- A decir verdad, nunca he considerado una "chica" a Alexa. 
- ¿Por qué lo dices?
- Dentro de unas horas lo sabrás. Ahora intenta dormir.
- Hasta dentro de unas horas... pantera. - Dije risueña mientras me acurrucaba.




Leyre García.
                                                                      >Capítulo Anterior             > Siguiente Capítulo










6 comentarios:

  1. Me encanta!! Me gusta mucho, perfecto!! Te lo juro!!
    Sigue escribiendo así, es muy bueno, pero dejas muchas cosas al descubierto y me dan muchas ganas de seguir leyendo para saber que sucede jejeje...!!
    Me encanta

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola! Soy la que escribió el mensaje en el tuenti y que no podía comentar, bueno, ya puedo xD

    Me ha gustado tu historia, y espero que no te moleste que te haga alguna crítica constructiva. Tu estilo es fresco, se lee rápido y no suele cansar. Tus descripciones son muy buenas, pero quizás a veces te extiendas demasiado con lo que se corta un poco el hilo de la historia, pero es normal, yo lo hago mucho. El argumento es bueno, a pesar de que la fantasía ya no es mi género favorito (antes lo era) pero me gusta mucho leer historias en mundos inventados, el único fallo que le veo es que para como lo explicas es un poco complicado, como si dieses por sentado que nosotros lo conocemos, aunque a lo mejor esa es tu idea, dejar el misterio.

    En resumen, me gusta tu historia, escribes bastante bien, lo que te he dicho es sólo para mejorar un poco más ^^

    ¡Sigue así! n_n

    ResponderEliminar
  3. Ya lo he leído, y he de decirte que ME GUSTA!
    Respecto a lo que dice buongiornoprincipessa, opino lo mismo que ella pero no creo que sea un fallo, quiero decir, a veces es un poco difícil pillarle el hilo a la historia, a sus mundos y acordarse de tantos nombres pero realmente yo ya estoy ubicado XD además, eso siempre suele pasar en libros con muchos personajes y tramas, es normal!
    La trama de Irene me tiene super enganchado, en serio, Fedro la tiene loca perdida a la pobre!
    Eric y Eryel me encantan, aunque ha sido una pena que Eryel no pudiera ver a Lauren en la cabaña, con el torso desnuuuuuuuuuuuuuuuuuudo!! :)
    Además, el principio te ha quedado muy chulo, Eryel la está liando to parda y ni lo sabe... xD
    Un saludo y ÁNIMOOOOOOO

    ResponderEliminar
  4. leire! me encanta! tu historia me tiene superenganchada, y nunca es lo suficientemente pronto para que publiques el siguiente capítulo! ;D
    te he encontrado un par de fallitos. uno es una tonteria, de verdad, a los caballos se monta y se desmonta por la izquierda, pero bueno, como he dicho, es una tonteria. Lo segundo esq cuando va a entrar fedro, Carlos grita: Eryel! y supongo que lo que quieres decir es irene ;)
    por lo demás, ya te digo, genial!! :)

    ResponderEliminar
  5. Me encanta tu historia , espero que sigas escribiendo , estoy deseando leer más capítulos y saber más cosas , me has dejado muy enganchada de verdad. Espero que pronto subas en siguiente capítulo para no dejarnos a todos tus lectores con esta intriga, de verdad, sigue escribiendo de esa forma que me encanta y se te da fenomenal. Quiero saber que pasará al final entre Eric y Eryel. Bueno lo dicho, una historia fantástica, interesante y que engancha.
    Besos :)

    ResponderEliminar
  6. :o AL FIN PUEDO COMENTAR DIOS SANTO DE LOS MARES T_T Capitulazo como siempre ;D lo de irene y carlos me tiene super intrigada y Fedro ¿QUE COÑO ES FEDRO ? :o No puede morir Irene porque me empezaba a caer bien ¬¬ a medias
    AINS SI ES QUE ERIC Y ERYEL Hacen una pareja tan mona :o XDDDD lo de Alexa es flipante XD ya tengo ganas de saber como sera ;D sin duda tu historia engancha engancha ;D MAS MORE ;D
    BESOS

    ResponderEliminar

Necesito continuar aprendiendo, ¿me dejas un comentario?

Bloggers amigos